25.6.15

Antonio García rinde homenaje a Álvaro Mutis en su nuevo libro

No lo conoció en persona; nunca lo vio de lejos, siquiera, pasando por algún lugar. Pero a él, a Álvaro Mutis, le debía -le debe- su amor tardío por la poesía


Admirador de la obra de Álvaro Mutis, el escritor caleño Antonio García Ángel siempre se preguntó qué podría escribir sobre el inventor de Maqroll que ya no se hubiera dicho. La clave la encontró en los bares que habitaron los personajes de su obra. Y en los tragos que allí bebieron. Historia de una  juma./elpais.com.co
Es que le bastó leer  Canción del Este  para comprender la magia que pueden encerrar unos pocos versos. Fue entonces cuando Antonio García Ángel, que nunca había entendido qué era eso que la gente tanto amaba de los poemas, se lo agradeció para siempre. 
Así que un día supuso que podría saldar esa deuda, escribir algo sobre Mutis, quizá analizar su obra. Pero ¿qué decir de este escritor y de sus libros que no se hubiera dicho ya? Mutis, al igual que todo gran escritor, lo sabía, estaba súper estudiado. “Eso les pasa a los escritores importantes, digamos, se escribe sobre ellos hasta el  exceso, rayando en la estupidez”, dice. 
En una de sus relecturas, sin embargo, descubrió esa veta etílica que salpica buena parte de sus novelas:  esa tendencia a ubicar a sus personajes en bares o cantinas para que fuera justo allí donde sucedieran hechos trascendentales que darían un giro a sus vidas, y a las historias, claro.  
“Un día me pidieron que fuera a dar una conferencia sobre literatura en la Biblioteca Luis Ángel Arango, así que pensé que hablar de este tema sería interesante y releí una vez más su obra”, cuenta. Cayó en la cuenta que el sitio donde más disfrutó Maqroll de una relativa calma y de los cuidados de Flor Estevez en  La nieve del Almirante  fue en una tienda que hacía las veces de bar; que fue en un café de Port Said donde Maqroll había conocido a su amigo Bashur; que abandonado a su suerte en  Ciudad de Panamá, lo primero que hace Maqroll, una vez consigue un cuarto donde dormir, es salir en busca de un bar; que buena parte de su obra, en fin, se sucedía, en bares, burdeles y cafés como el Pink-Surprise, el Floating Paradise, el Boadas. 
Fue de allí, de esas relecturas, de donde salió  Jumma de Maqroll el Gaviero , una   ‘lectura etílica’ de 78 páginas que revela los lugares y los tragos que apasionaron no solo a los personajes de Mutis, sino a Mutis mismo. Su título es una parodia a la ‘Summa’ poética del escritor. 

Antonio, ¿cómo eso de su deuda con Mutis?

Cuando estaba empezando la Universidad, yo tenía sensibilidad de leñador para la poesía. Me gustaban las novelas, los cuentos, pero cuando yo leía poesía no entendía nada y decía “¿eso qué es?”.  El primer poeta que me hizo encontrarle el gusto fue Mutis,  concretamente con  Canción del Este, que fácilmente puede ser uno de mis poemas favoritos en la vida y que lo puedo recitar ahora mismo aunque puede que con algunas imprecisiones.
 Es un poema sobre la búsqueda de la felicidad, esa  que  siempre estás buscando y resulta que está en otra parte y casi que vez cómo se te escapa. Desde allí le encontré el encanto a la poesía y eso siempre se lo voy a agradecer.

Y de allí pasó a sus novelas...

No recuerdo bien si lo había leído antes, pero sí, empecé a leerlo por puro placer y se convirtió en uno de mis escritores favoritos. 

¿Y lo de la lectura etílica cómo se dio?

Un día empecé a notar  esa veta ‘etílica’. Di una conferencia sobre el tema y lo trabajaba por ratos, casi que con la frecuencia con la que uno se limpia el ombligo. Pero al final me puse juicioso, rastreé datos, encontré un fax con una de sus recetas; encontré a Arnulfo Julio, un amigo suyo con quién había escrito un decálogo del buen bebedor, y así, hasta que le presenté la idea en Tragaluz y les gustó. 

El libro refleja ese espíritu de sibarita que tenía Álvaro Mutis…

Mutis era esencialmente un ‘bon vivant’. Y qué mejor muestra que su amistad con García Márquez. Es que, ¿quién podía estar más en las antípodas de Mutis que García Márquez? Sin embargo,  eran los mejores amigos. Eso refleja su voluntad de siempre pasarla bien. Yo nunca lo conocí en persona, nunca lo vi, pero por lo que le leí era un hombre  con un gran carisma. Y era en esas reuniones con sus amigos, como la que menciono con Roberto Burgos Cantor y Arnulfo Julio, que departían animadamente a inventarse cosas como esa del decálogo del buen bebedor.

¿Cómo es eso del decálogo?

Pues yo había encontrado en un par de pasajes de las novelas que había unas reglas para beber. Y eso me despertó las ganas de encontrar las pistas como en una especie de labor de detective. Di con dos artículos, uno en El Tiempo y otro en Soho, y en ambos  hablada Mutis de  unas reglas a la hora de tomar, y enunciaba algunas, unas cinco o seis. Es decir que para él era una especie de arte, el beber. Pero después de eso fue que descubrí ‘Señas particulares’, las memorias de Roberto Burgos Cantor, en donde  se revela que Mutis había creado un decálogo junto con su amigo Arnulfo Julio. Y me empieza este afán por descubrir los otros mandamientos... tenía cinco o seis, me faltaban los otros. Así que llamé a Burgos. Por dentro rezaba para que Julio estuviera vivo y bueno, finalmente pudimos hablar y completé no los diez, pero sí nueve... 

El décimo mandamiento queda a discreción de cada lector...

Exacto. Y en el libro lo digo: a él le habría encantado esa idea  de que cada uno agregara el suyo. Pero también me di cuenta de que ese decálogo era una especie de juego, para pertirse. Era  una especie de trabajo en proceso. 

De este decálogo cuál es inviolable...

El 6: “Aprende que cada momento tiene su licor, escógelo”. 

Y su décimo mandamiento...

Tener alguien con quién pasar el guayabo.

De todos los bares que habitaron Maqroll, Abdul Bashur, Vincas y otros personajes de Mutis, ¿cuál lo sedujo más?

Me  dio mucha curiosidad el Boadas, por la historia del lugar. También porque es el único bar que repite en dos pasajes diferentes. Pero además porque  otro de los escritores que más me han gustado a mi, Manuel Vásquez Motalván, de quien  me encanta la saga de Carvalho,  el detective privado, también escribió sobre el Boadas. Mutis y Montalván son escritores muy diferentes, y que ambos se hayan detenido a hablar de este bar me pareció curioso.

Es célebre la receta de Mutis para preparar un dry Martini, pero usted revela varias. ¿Cuál compartiría con los lectores? 

El ‘Maqroll’, un coctel concebido por Mutis en honor de su personaje: en un vaso de old fashioned debe servirse vermut rojo Noilly Prat hasta una tercera parte; luego agregarle una copita de carpano Punt e Mes y otra de whisky Jack Daniels. Luego servir con tres cubos de hielo y media rebanada de naranja. Este lo escribió él a máquina y lo envió por fax a María Paulina Ortiz, cuya copia publico en el libro. 

Sorprende el desdén  de Mutis por el aguardiente…

Es que el aguardiente es un trago duro, o mejor dicho, no es suave en todo caso. Pero creo que muchos de los gustos que uno tiene son culturales. El aguardiente hace parte de la cultura alcohólica de Colombia, porque todas las regiones tienen su aguardiente.

El libro está dedicado a su papá, por la buena literatura y los buenos tragos... ¿Uno sí bebé con el papá?

Hace muchoa años mi papá mandó hacer un bar en la casa con una pequeña barra y con las copas arriba, con mezcladores y todo. Yo creo que su momento a mi mamá le debió haber parecido medio lobo el asunto, pero él lo hizo y yo crecí con ese bar y me simpatizaba. Y cuando estoy con mi papá siempre tratamos de abrir una botella de algo, pero siempre bajo el noveno mandamiento de Mutis, que es  fundamental, no emborracharse.  Pero sí disfrutamos de  uno  o dos tragos. Y creo que eso también es uno de los insumos que hizo que yo terminara haciendo ese libro.

Ya no hablando de Mutis, sino de sus bares, ¿cuáles hacen parte de su educación sentimental?

Yo diría más bien mi formación psicomorboafectiva, y en Cali, por supuesto, Martyn’s está en primer lugar. Pero también  Stockolm Inn, al que iba en una época en que no pedían cédula; o Toledo, de un amigo mío del colegio. Y pasé noches maravillosas en  Copelia, que quedaba en frente de donde hoy está el Gato de Tejada. Y es una pena que ya no esté la casa donde funcionaba, que era hermosa. Y cuando me vine a Bogotá, pues Barbie, Music Factory y diría que In Vitro...

Después de este ensayo, ¿vuelve a la novela?

De hecho acabo de terminar una  novela hace como mes y medio. Es una novela corta, de cien cuartillas no más, y es una historia de esos personajes que se derrumban, que caen en desgracia. Uno de esos personajes a los que le quebrás el espinazo moral… En esas estoy, con la intención de corregirla antes de que se termine el año. Pero es es otra historia.