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22.3.10

‘Bestsellers’ silenciosos

Novelas sentimentales y negras y libros fantásticos suman miles de lectores impulsados por el boca-oreja
Patrick Rothfuss. fOTO;fUENTE:elperiodico.com

"Dueñas, Rothfuss, Malzieu, Levy... Sus apellidos no sonarán tanto como los de Dan Brown, Ken Follett o Stieg Larsson. Pero para cientos de miles de lectores son los autores del último libro del que han oído hablar, que han comprado y leído y que, a su vez, han recomendado a nuevos lectores. Son los best-sellers silenciosos que, sin un arranque fulgurante y a menudo con una atención discreta de los medios, llegan a alcanzar cifras de entre 100.000 y 200.000 ejemplares. Si algún hilo temático existe entre estos títulos es el sentimental: desde la pura novela romántica de Federico Moccia a la ambición literaria de un Paolo Giordano, que el año pasado colocó 220.000 ejemplares en catalán y castellano, o obras que encajan en el perfil de un seguidor de Tim Burton, como las de Mathias Malzieu. Otro registro, el negro, ha pasado a ser legitimado por los medios con menos reparos (la pujante Åsa Larsson, por ejemplo, es ya algo más que una sorpresa).
«Son novelas de sentimientos en las que las relaciones son la trama», sospecha Carles Revés (Planeta). Y sin una etiqueta de género muy visible. Su ritmo de ventas –«a la chita callando, hasta que explotan»– tiene, afirma Mónica Tusell, de Plaza&Janés, un detonante tipo: que los libreros recomienden el libro, que algunas reseñas o entrevistas den argumentos a favor, que un público determinado lo adopte y que el boca-oreja de internet haga crecer la bola. Un proceso que demuestra que en el ecosistema del libro hay sitio para todos.

FEDERICO MOCCIA
El amor romántico se convierte en epidemia
El amor como motor de la vida y como salvación, un amor urbano para jóvenes entre 20 y 30 años y con poder adquisitivo, romántico y sin condiciones pero (apenas) sin sexo es la fórmula del éxito de Federico Moccia (Roma, 1963), que acaba de colocar en las librerías Perdona pero quiero casarme contigo (Planeta), continuación del exitazo Perdona si te llamo amor. A finales de abril se estrena se España la película de este libro con el que el autor logró casi tres millones de lectores en Italia y desató la fiebre de los candados de amor en los puentes romanos y de otras ciudades europeas.
«Ese público joven me sugiere mucha ingenuidad y me gusta pensar cómo era yo cuando tenía 20 años», explica Moccia a propósito de los comentarios que recibe de sus admiradores en las redes sociales y en su web. Intuye que su éxito reside en el amplio abanico de relaciones sentimentales que ofrece a unos lectores «deseosos de evadirse de sus preocupaciones» y compartir con los personajes «el deseo de ser felices». Él ya ha dado el paso a best-sellero ruidoso, con todo el apoyo de su editorial: su anterior libro vendió 200.000 ejemplares con reprís de diésel, este lleva 100.000 con arrancada de turbo, más 18.000 en catalán. Con elegancia francesa, Marc Levy (Las cosas que no nos dijimos) completa el podio romántico (120.000 libros en catalán y castellano). MERCEDES JANSA

DON WINSLOW
La violencia desatada más allá de Río Grande
El último capítulo de la historia de la gran literatura norteamericana sobre México es El poder del perro (Roja & Negra), un contundente long-seller que ya va por los 70.000 ejemplares vendidos. Uno de los primeros recuerdos cinéfilos de Winslow, neoyorquino residente en San Diego, es ir a ver El Padrino acompañado del hijo de un capo mafioso. Años más tarde, ya convertido en escritor, la noticia de una matanza de niños cerca de su casa activó sus mecanismos literarios. El resultado es una ambiciosa y voluminosa saga que tiene como hilo conductor el tráfico de la droga en la frontera entre Estados Unidos y México, protagonizado por un policía mestizo y con un nivel de violencia que haría palidecer a Sam Pekinpah. No apta para paladares delicados. ELENA HEVIA

SILVIA ALCÁNTARA
La escritora que debutó a los 65 años
Su Olor de colònia (Edicions de 1984), lanzado hace exactamente un año, ha alcanzado los 40.000 ejemplares vendidos, un hito en el mercado catalán, que no maneja las cifras de la literatura en castellano. Una excelente novela que, entre otras muchas cosas, relata cómo era la vida cotidiana en los cerrados microcosmos de las antiguas colonias textiles catalanas y ha despertado un gran interés histórico por las mismas.
Pero el fenómeno editorial sobre esta historia de opresión y poder en tiempos franquistas no estaría completo sin el retrato de su laboriosa autora, Sílvia Alcántara, que debutó en la literatura con esta novela cumplidos los 65 años y se aupó a las listas de éxitos gracias a la exclusiva recomendación de los lectores. ¿El secreto? Trasladar con brío buen parte de su experiencias de infancia y juventud a la obra. E. H.

LARS KEPLER
En la hipnótica estela de Stieg Larsson
Lars Kepler posee cuatro manos muy bien avenidas. Son las del matrimonio sueco formado por Alexandra Coelho y Alexander Ahndoril. En El hipnotista (Planeta / Amsterdam lo publicará en catalán el 8 de abril) han unido sus hasta ahora separadas carreras literarias para rendir un homenaje a su admirado compatriota Stieg Larsson, el desaparecido autor de Millennium (de ahí el nombre de Lars en el seudónimo; lo de Kepler es por el astrónomo). Primera novela de una serie negra protagonizada por el comisario Joona Linna, en España El hipnotista es un éxito que está viviendo sus primeras fases: en solo un mes ya ha entrado en el tercer lugar de las listas de más vendidos y la editorial ha colocado ya en librerías 55.000 ejemplares.
Prueba del éxito en Suecia, Italia, Dinamarca y Holanda es el medio millón de títulos vendidos. Además 28 países tienen ya los derechos de esta intriga trepidante sobre el sangriento asesinato de una familia y un psiquiatra que intenta ayudar a una víctima. ANNA ABELLA

PATRICK ROTHFUSS
Un debut a la altura de Tolkien
Han sido legión los imitadores y sucedáneos de grandes nombres de la narrativa fantástica como Tolkien, Lewis y LeGuinn. Pocos han llegado siquiera a aspirar a ponerse a su altura. Y de repente aparece un peludo profesor de Wisconsin y con una sola obra, El nombre del viento, se planta a las puertas del olimpo del género. Crea un mundo y un héroe, Kvothe, que se sienta junto al fuego y relata: «He robado princesas a príncipes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos». Es un ejemplo de la combinación de medios en el crecimiento de un libro: un puñado de críticas positivas y tempranas (como la de Ricard Ruiz Garzón en este diario), boca a boca on line y consagración (120.000 ejemplares en España). En su blog, Rothfuss alimenta la devoción de sus lectores –Amazon acepta reservas de la continuación ¡para agosto del 2011!– con un strip-tease emocional en el que pide perdón por su retraso. Sus fans piden más, pero se lo perdonan. ERNEST ALÓS

MATHIAS MALZIEU
El reloj de cuco menos ruidoso
Jack tiene un reloj de madera donde debería tener el corazón. Jack se enamora localmente de Miss Acacia, una pequeña y miope bailarina de flamenco a la que sigue hasta la Granada del siglo XIX. Ambos protagonizan La mecánica del corazón (Reservoir Books) un gótico, tierno y fantástico relato en el que no faltan los celos y la pasión, que recuerda a películas de Tim Burton como Eduardo Manostijeras y que esconde una denuncia al acoso escolar. Gracias a todos estos ingredientes, su autor, Mathias Malzieu, un pelirrojo francés, líder del grupo pop Dionisos, ha convertido esta breve novela en un auténtico caso de best-seller silencioso traducido a una quincena de idiomas.
Si en Francia ha superado los 170.000 ejemplares vendidos, en España, desde su publicación el pasado septiembre, ya lleva 100.000 ejemplares en castellano y 15.000 en catalán. El libro tiene además banda sonora del propio autor, de la que en Francia se han colocado 150.000 copias, y Malzieu está trabajando con el cineasta Luc Besson para una versión animada. A. A."

24.9.09

Cada libro en su lugar


Por Alberto Manguel
Unas pocas semanas antes de Navidad, me dijeron que debía operarme de urgencia. Sin darme tiempo a hacer la maleta, me encontré en un cuarto adusto y aséptico, ansioso y sin libros. Pasar unos diez días convaleciente en el hospital sin nada para leer me pareció un castigo al límite de lo soportable y cuando mi compañero me propuso traerme de casa algunos volúmenes, acepté agradecido. ¿Pero cuáles elegir?
El autor del Eclesiastés nos enseña que para todas las cosas “hay sazón” y que todo tiene su tiempo determinado; igualmente, sabemos que cada ocasión tiene su libro. Pero no todo libro, por supuesto, conviene a cualquier momento de nuestra vida. Compadezco al pobre lector que se halle con el libro equivocado en un percance difícil, como le ocurrió al pobre Amundsen, descubridor del Polo Sur, cuyo bolso de libros se hundió en los hielos y se vio obligado a leer, noche tras helada noche, el único volumen que pudo rescatar, un indigesto tratado del Dr. Gaudens titulado Retrato de Su Sagrada Majestad en Sus soledades y sufrimientos. Es que hay libros para leer después de hacer el amor y libros para armarse de paciencia en el aeropuerto, libros para la mesa del desayuno y libros para el cuarto de baño, libros para las noches de insomnio en casa y para los días de insomnio en el hospital, y no pueden ser intercambiados. Nadie, ni siquiera su propio lector, puede explicar cabalmente cuáles libros convienen a cierto momento y cuáles no. De manera misteriosa, algo inefable hace que ocasiones y libros se acuerden o se opongan.

La lista de libros que Oscar Wilde pidió para acompañarlo en la cárcel de Reading incluyeron La isla del tesoro y un manual de conversación franco-italiano. Alejandro Magno partía a sus campañas con un ejemplar de la Ilíada de Homero. El asesino de John Lennon consideró que un buen libro para tener en el bosillo al cometer un crimen es El cazador oculto de J. D. Salinger. No sé si los astronautas se llevan a bordo las Crónicas marcianas de Ray Bradbury o si, por el contrario, prefieren Los alimentos terrestres de André Gide. Si el risueño Bernard Madoff acaba en prisión ¿pedirá acaso La pequeña Dorrit de Dickens para enterarse de cómo el señor Merdle, ese sutil estafador, incapaz de soportar la vergüenza al ser descubierto, acaba cortándose el cuello con una navaja prestada? El Papa Benedicto XVI ¿se retirará a su studiolo en el Castelo Sant’Angelo con Bubú de Montparnasse de Charles-Louis Philippe, para estudiar cómo la falta de preservativos ocasiona una epidemia de sífilis en el París de fin-de-siècle? Prosaico, G. K. Chesterton imaginó que, si estuviese naufragado en una isla desierta, desearía tener consigo un Manual de construcción de embarcaciones. Y a mí ¿qué libros me convendrían para mi forzado retiro?

No soy un usuario del libro electrónico, ese libro de arena que se ufana de ser casi inagotable y que, por lo tanto, no me obligaría a elegir; en momentos traumáticos me hace falta la consolación del papel y de la tinta. Hice una lista de posibles candidatos. Descarté algunas categorías obvias: novelas que no había leído aún, porque no quería correr el riesgo de que faltasen a mi propósito; ensayos científicos, porque temí que mi cerebro, ablandado por la anestesia, se mostrase más reacio que de costumbre a la asimilación de elucubraciones clínicas; por la misma razón, no elegí el género policial que, en tiempos normales, tanto aprecio. Tampoco las biografías: me pareció que en mi estrecha cama de hospital no habría lugar para otras vidas.

Acabé anotando cuatro tipos de lecturas que me parecieron adecuados:

• Libros que son antologías, generosos y fragmentarios. Pienso en los cuadernos de Samuel Butler, El libro de la almohada de Sei Shonagon, Religio medici de sir Thomas Browne, Memoria del fuego de Eduardo Galeano, Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

• Una obra meditativa, melancólica, suavemente filosófica, como los ensayos de Jean Cocteau, La dificultad de ser, o esas iluminadas reflexiones sobre el Quijote de Javier Rodríguez Marcos, Los trabajos del viajero, o Los sueños de Einstein de Alan Lightman. Pensé asustar a las enfermeras dejando sobre mi mesa los tratados de Schopenhauer cuyo título combinado da Dolor y sufrimiento hasta la muerte, pero no me atreví.

• Un libro para hacerme sonreír: Alicia en el país de las maravillas, Tristram Shandy de Laurence Sterne, Pnin de Vladimir Nabokov, Historia universal de la infamia de Borges, Tres hombres en una barca de Jerome K. Jerome.

• Un libro de poesía: de Richard Wilbur, Quevedo, Javier Codesal, san Juan de la Cruz, Anne Carson... Para no tener que elegir un solo nombre, quizás convendría una colección ecléctica, como la Poesía barroca de J. P. Hill y E. Caracciolo-Trejo, fuente de infinito placer.

Los libros que elegí para esas largas semanas (fueron cuatro y no quiero nombrarlos) contienen ahora el diario de mi convalecencia. Abriéndolos en el futuro sabré cómo velaron a mi lado, hablaron conmigo cuando lo quise, o supieron esperar en silencio, atentos. Nunca se impacientaron, ni fueron sentenciosos o condescendientes. Estuvieron fielmente presentes, indiferentes a las horas, dando por sentado que también este momento pasaría, y mi incomodidad y mi desasosiego, y que sus páginas seguirían acompañándome en el futuro, describiendo algo mío, íntimo y oscuro, para lo cual yo no tenía (y aún no tengo y no tendré) palabras.