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5.2.10

‘El Tercer Reich’, escrita en 1989, muestra a un Bolaño primerizo que apuntaba maneras

El rescate del inédito ‘El Tercer Reich’ ofrece al lector un texto del primer Bolaño en el que el chileno afincado en Blanes ya era fiel a sí mismo. Con los juegos de estrategia bélica de fondo se presenta como una novela de ambiguo misterio en la que no importa la resolución del enigma, poblada de personajes solitarios que bucean en el mar de la desesperación colectiva en busca de ellos mismos.

La Costa Brava en temporada baja es el marco en el que se desarrolla ‘El Tercer Reich’.  Foto: TONI VILCHES / CLICK ART
La Costa Brava en temporada baja es el marco en el que se desarrolla ‘El Tercer Reich’. Foto: TONI VILCHES / CLICK ART fUENTE: El Periódico de Catalunya
RICARDO Baixeras

La situación de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 - Barcelona, 2003) no es cómoda. Para empezar está muerto y eso le impide contestar a las preguntas que seguramente se le hubieran formulado si el tiempo le hubiera permitido seguir corrigiendo más allá de la página 60 el manuscrito mecanografiado de El Tercer Reich. En segundo lugar –y precisamente porque está muerto– todo el mundo espera otro «gran Bolaño»: un texto repleto de lecturas y relecturas, guiños y contraguiños post mórtem que le permita seguir sentado en el Olimpo de la literatura.
Bolaño terminó de escribir El Tercer Reich en 1989 y ahora lo rescata su agente Andrew Wylie. A nadie importa si es una novela mejor o peor que La literatura nazi en América, Amuleto, Monsieur Pain o La pista de hielo. Es evidente que su lectura no queda enfrentada con la de Los detectives salvajes ni con 2666 y sí con esas otras.

EL MONSTRUO DE ‘2666’ / No está en esa confrontación absurda el valor de esta novela inédita y que se publica ahora de manera póstuma. De nada sirve preguntarse si hubiera o no publicado este texto o por qué no lo hizo: sabemos que en su literatura una cosa es el ritmo frenético de la escritura y otra muy distinta la oportunidad de la publicación. Bolaño la hubiera publicado, pero tuvo que dedicarse con ahínco al monstruo que le estaba devorando: 2666.
Sí importa, y mucho, decir que El Tercer Reich es una obra primeriza, pero en modo alguno la de un escritor novel. Importa decir que es un texto de la marca Bolaño, con algunas de las obsesiones y temáticas que marcarán después su obra.
Cuando el 19 de marzo del 2000 le hicieron una entrevista en el diario chileno La Tercera y le preguntaron cuál era su mayor extravagancia Bolaño contestó: «Mi gran colección de wargames y mi pequeña colección de wargames de computador». Tenía otras, pero rescatamos esta porque en una primera lectura El Tercer Reich se ofrece al lector como una novela de juegos de estrategia. Pero es también una novela de misterio, una novela policiaca y de personajes solitarios que bucean en el mar de la desesperación colectiva en busca de sí mismos. Los secretos diseminados por el texto de El Tercer Reich no son solo los de Udo Berger y su novia Ingeborg. El misterio no solo depende de personajes como el Lobo, el Cordero o el Quemado, o de la extraña desaparición de Charly o de la sensualidad de Frau Else, encargada del hotel Del Mar en el que se desarrolla la acción.
El misterio depende del lector. Como en otros textos posteriores de Bolaño se diseminan secretos, sospechas y conjeturas que permiten construir el relato. Un Bolaño conjetural provocando una lectura conjetural de El Tercer Reich: he ahí el valor de esta botella encontrada en el mar de todas las dudas. No importa, como tantas veces en su literatura, resolver el enigma (¿habrá muerto Charly? ¿Quién es realmente el Quemado? ¿Qué pretende Udo quedándose en la Costa Brava? ¿Qué quiere el marido de Frau Else? ¿Ganará Udo el Tercer Reich?) porque la realidad que se propone es fragmentaria, provocando así la narración en forma de diario de una investigación de casualidades, descuidos y tramas dispersas que no conducen al fetiche del relato policial: la verdad, que ni está, ni se la espera.
Bienvenido este rescate arqueológico de un Bolaño inicial que apuntaba maneras. Descansa saber que en 1989 era ya un escritor fiel a sí mismo, aún no ahíto de todos sus demonios, pero sí muy consciente del artefacto literario que quería proyectar.



EL TERCER REICH
Roberto Bolaño

Anagrama. 360 páginas. 18 €

10.1.10

Una adolescencia devaluada

Hoy por hoy, toda su obra se nos presenta embargada por la verborragia del presente

Bolaño Foto: EL MERCURIO/GDA fUENTE: ADN

Si bien no funciona como una regla universal, es sabido que cuanta más utilidad en el presente tiene la obra de un escritor, mayor es su costo de depreciación en el futuro. Roberto Bolaño está pagando demasiado caro las deudas adquiridas con su época y con sus contemporáneos. Hoy por hoy, toda su obra se nos presenta embargada por la verborragia del presente y aquello que podría haberlo distinguido alguna vez del rumor de la marea se está dilapidando rápidamente en manos de su agente literario y su editor, sin mencionar a sus exaltados panegiristas ibéricos ni a sus presuntos herederos latinoamericanos.

Lo peor que pudo pasarle a Bolaño es haberse "bolañizado", vale decir, haberse convertido en una caricatura de sí mismo y haber reencarnado en un fenómeno comercial, peleando cabeza a cabeza con Isabel Allende en los primeros puestos de los autores más vendidos. Se podrá objetar que ser asimilado a aquello que más aborrece es la suerte que corre todo escritor maldito. No obstante, a la espera de esa justicia poética que sólo puede dispensar el tiempo, los fanáticos del escritor de Estrella distante tendrán que hacer silencio y bostezar con Una novelita lumpen , un libro que ya desde el título -parodia de las Tres novelitas burguesas de José Donoso- bien puede leerse entre líneas como una caricatura o un cómic negro sobre las penurias, los desencantos y el despertar sexual de una adolescente -Bianca- perdida en los basureros de la posmodernidad.

La adolescencia entendida como un estado de máxima combustión poética es un tema recurrente en la narrativa de Bolaño. Basta recordar que Los detectives salvajes es una larguísima novela protagonizada exclusivamente por un club de clones mexicanos de Rimbaud y Lautréamont. Pero mientras que en Los detectives... la bancarrota moral y cultural de la vida moderna apenas aparecía esbozada en los intersticios de una historia que fluye a un ritmo endiablado, al mejor estilo de las películas sobre la mafia, en Una novelita lumpen todo -desde los personajes hasta la trama, pasando por el lenguaje y las locaciones- es deliberadamente chato, artificial y trash .

Quizás el problema radique en que la adolescencia trash que pinta Bolaño es demasiado gruesa, demasiado cerebral o literaria para ser verosímil. Del mismo modo, la calculada mezcolanza de un oscuro actor de péplum con los programas diarios de la televisión basura, la combinación de fisicoculturismo con esa pequeña dosis de pornografía que la pequeña Bianca consume diariamente junto con su hermano, parecen clisés calcados del manual básico del escritor "berreta". Ello, sumado a un intriga que coquetea vagamente con el policial y el gótico sureño de Estados Unidos, compone un extraño cóctel que podría elevar a Una novelita lumpen a la categoría de lectura para el verano, si no fuera esa clase de textos que sólo sirven para que los críticos frunzan el entrecejo y se pongan a releer las obras principales de uno de los escritores más prolíficos y polémicos de las últimas dos décadas.

Walter Cassara

© LA NACION

Una novelita lumpen
Por Roberto Bolaño
Anagrama
151 Páginas